Visto desde la nada...

Irreal

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"Y ya no hubo despertar. El verdugo electrónico, había decidido que era el fin de los hombres"

martes, 28 de junio de 2011

"La pobre Niña Roja que quería seguir otro camino ( o Muchas veces los lobos no asechan a Caperucita solo en el Bosque)" (De la serie "De cuentos de Hadas y otras Chapuserias")

Corrió hacia él mientras trataba de tomarle la mano, corrió sabiendo que quizás sería la ultima vez que aquellos dedos suyos, tan pálidos, lograrían alcanzar siquiera, un mínimo rose de esa piel que tanto la había enardecido, entre esos besos de pasión lujuriosa, sobre esa cama, allí y... 

... ( Abrió los ojos sobresaltada, había estado durmiendo mal los últimos días, miraba el techo dorado de su habitación, el claro y luminoso murmullo del amanecer se tendía sobre la ciudad. 

Caminó lentamente hasta la puerta, su muy querida Riushi estaba allí, esperándole con la mirada clavada en el suelo, y con una cara casi pálida, quizás por temor, o tal vez por respeto. 

"Su alteza"_ murmuro la joven, y ella hizo una venia mientras seguía su camino. 
Siempre había odiado ser quien era, siempre le había molestado mirar al frente y alto, como si su sangre fuera más valiosa que cualquier otra sangre, como si su voz, sus ojos o quizás toda ella, fueran parte de algo más noble, sublime o divino. 

Akako San siempre había sido una modesta, odiaba la posición que ocupaba en la familia y odiaba más aun ser hija del Emperador, porque, por alguna horrenda desgracia ella jamas podría decidir sobre quien seria su amado por toda la vida, sino al contrario, y aquello iba en contra de todo lo que ella creía. 

Desde que tenía memoria, la vida le había parecido cruel.
 En las noches oscuras y tormentosas de su niñez una sombra la atormentaba, y hasta ahora la sombra, que tenia la cara de su padre, la sonrisa de su padre, la voz de su padre y el mismo olor, la seguía torturando. El cuerpo era pesado, pero las lágrimas de Akako San se habían secado hacía tiempo, ya no había nada allí, ella solo miraba el techo dorado, el mismo que todas las mañanas veía, y respiraba lentamente, mientras el jadeo inconfundible del Emperador se mecía sobre ella.

Caminó hasta el cuarto de baño con Riushi, la muchacha le lavaba el cuerpo desde que se conocieron, cuando su alteza contaba con seis años y ella con once. Hacía tiempo ya, pero no tanto, diez años para ser precisos, años de tortura para ambas. Una sangrando y la otra purificando. 

"¿Crees que tengamos otra oportunidad? ¿Otra vida donde podamos ser felices?"_ dijo Akako. La sirvienta le miró mientras le acariciaba el pelo y le enjuagaba la espalda. Asintió. 
"¿Crees que mi nombre este maldito Riushi?¿Que por eso este condenada a sufrir? Mi abuela lo dijo, sabes?: "Akako, ay!, pobre de ti Niña roja"_la sirvienta sonrió y negó en silencio. 

"Su nombre no esta maldito su alteza, es un nombre bonito, esta lleno de valentía para mi, yo solo soy Riushi y nada más"_ comentó la chica. 

"Pues deberías estar feliz, eres libre y y no dejas de ser tu para ello". 

Las cabezas de los miembros de la corte estaban todas gachas cuando ella entró al salón mayor, vestía de oro y marfil, y sobre la cabeza llevaba adornos miles y colores de todos los tipos, su piel pálida era mas pálida aun, y era hermosa, tan hermosa como lo hubiera sido la Reina de las Nieves. De piedra perfecta.. 

Solo diez y seis años tenia, tan solo eso, y no amaba a ese Príncipe Shino, con el que iba a casarse, amaba a Kazuo, de la guardia real, a él y nadie más, a él que la había besado sobre los árboles en flor, a él que le había acariciado el cabello, a el que jamas había traspasado la flor entre sus piernas, ni por deseo propio, ni por deseo de ella, ni aun por ser un hombre recostado con una mujer. 

Akako amaba al noble caballero que solo había rosado sus labios, y que con solo eso había logrado hacerle arder el alma. La pobre Niña Roja amaba a alguien, pero ese joven la merecía menos que el Príncipe Shino, porque, el noble, más allá de ser un detestable lobo que usurparía sin permisos, tal como el Emperador, la juventud en flor de nuestra doncella, tenia un don magnifico, y era el ser hijo de un Noble. ¿Cuan noble?. 

Akako San continuó con la mirada alta, observando el cielo de hojas de oro y madera, el pachulí flotaba por el aire, las campanillas sonaban aquí y allá, y los ruiseñores piaban alegres, todo parecía hermoso, como en los bellisimos cuentos en los que las princesas viven eternamente felices. Su corazón retumbaba..bum,bum,bum... 

"Akako, Akako!, te he dicho que no te acerques al bosque...Ay!Pequeña, te has cortado con una espina"_ su nodriza le tomó en brazos y le acariciaba el pelo, Riushi también estaba allí, y su madre, su madre miraba desde la mesa del patio. La rosa blanca se cubría de sangre, la nodriza le curaba la mano. 

Caminaba hacia su padre, Sacerdote, Emperador, unión con las divinidades, otro maldito lobo feroz, ella le sonreía cual si le amara, Él, como si alguna vez le hubiera respetado. 

La doncella tomó la mano de su prometido, él la miro maravillado por su belleza, deseoso de probar su carne, anhelando ser parte ya de esa casa real. 

Bum, bum, bum... el corazón de Akako retumbaba. 

"No le tomaré como esposo"_ bum,bum,bum...dijo su corazón mientras ella sonreía y el Emperador se lanzaba con una mano pesada y la tumbaba sobre el suelo. 

Kazuo rompió filas, y lleno de rabia arremetiendo contra Shino y a su vez trató de matar al Emperador, ella lloro, y también de sus ropas sacó una espada. Pero la guardia reaccionó con rapidez, y cual una ráfaga de viento que rompe fuerte contra una frágil rama, arrasaron con el muchacho. 

Corrió la dama  hacia él mientras trataba de tomarle la mano, corrió sabiendo que quizás seria la ultima vez que aquellos dedos suyos, tan pálidos, lograrían alcanzar siquiera, un mínimo rose de esa piel que tanto la había enardecido, entre esos besos de pasión lujuriosa, sobre esa cama, allí y mientras intentaba besar en el aire el alma que se desprendía del cuerpo de su amado, cayó de cara al suelo y abrazo el cadáver. 

Los labios en sangre, las manos en sangre, beso esa boca color escarlata y abrazó ese cuerpo frío ya, dormido ya. Muerto. 

Las lágrimas le recorrieron el rostro, la corte entera la miraba como si fuera una mujer cualquiera, agachaban la cabeza, si, pero para mirarla a la cara, para ver sus labios temblorosos, para ver sus ojos manchados, no le tenían respeto, ella ni siquiera merecía a Shino, era una Zorra, una cualquiera. 

El emperador alzó la mano, vociferó unas cuantas cosas, de todas Akako, solo entendió: "me deshonras"...mientras trataba de respirar, sentía una presión en el cuerpo, era como si el cuerpo de su padre el Emperador volviera a estar sobre ella. Respiro más, más, otra vez y por fin, como si fuera en una abanicado golpe de ventisca matinal, el aire ingreso en sus pulmones, mientras cerraba los ojos y se sentía libre. 

La guardia vino sobre ella, ella volvió a respirar...Bum,bum,bum...unas finas hojas de metal oprimieron su pecho, su espalda y su vientre...bum...ella volvió a respirar...bum...un dolor punzante que soltaba todo el aire de su cuerpo, abrió los ojos mientras sonreía. 

"¡KAZUO!"_murmuro...bum...bum... 
-bum-

***

Abrió los ojos sobresaltado, había estado durmiendo mal los últimos días, durante dos segundos miró el techo y corrió al tocador, llegaba tarde a la facultad. 

El desayuno estaba en la mesa, tomó un bocado, besó a su madre y corrió hacia las escaleras. 
Ya, dentro del auto de Natalia, sonrió de nuevo.
 "Buenos días Nat..." 

"Buen día dormilón", ya pensé que no íbamos a llegar_ dijo la chica. 

"¿Nat, puedo hacerte una pregunta?"_dijo é. Ella dijo que si con la cabeza.
_ "¿Crees que tengamos segundas oportunidades?" 

Su amiga le miró sonriendo y le dijo :-"Ya lo creo que si. Claro que si..." 

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