Visto desde la nada...

Irreal

Irreal
"Y ya no hubo despertar. El verdugo electrónico, había decidido que era el fin de los hombres"

martes, 16 de agosto de 2011

El miedo interior. (De la serie “La noche tortuosa”)





Esta historia viene a mi de manera confusa, no se si quizás fue un sueño tétrico tejido entre las sabanas de mi alcoba, o quizás sea solo la voz de una pobre mujer, una vez bella amiga, que esperó el fin de sus días, tras los largos jardines verdosos de un olvidado manicomio.

Me llegó diciendo, así como versan los relatos de horror, que una noche todo había llegado a su fin, y que no le quedaba más que esperar.

Irina había llegado hacía varios años atrás al país, se había escapado de las guerras y conflictos que se suelen repetir en los confines del antiguo continente, y, desde que escapara al horror de la muerte y las armas, se había vuelto una joven prolífica y llena de vida.

No está de mas decirles, que así como todas las jóvenes, hermosas y llenas de talento exultante, Irina, en unos años, allá por 1980, se había convertido en una afamada cantante, actriz, y mucho después, en una prestigiosa Super Modelo.

Como tal, mi vieja amiga, se hizo de un grupo de paparazzis, críticos de moda, diseñadores, fotógrafos, y hasta fue una vez, mirada quizás durante unos treinta segundos, por el afamado Andy Warhol.
Según ella, la vida le había comenzado a sonreír, y su extremada belleza androgina, a su vez tan doncellesca, le acercaban cada vez más a un pasar de opulencia y descontrol.

Pero, el frío invierno de 1983, la vida de luminarias y alegría, de fiestas con cocaína rebosando en los anaqueles y mesitas de living, de champaña espumosa y plastiqueria, llegó a su fin.

Irina regresaba aquella noche de hacer un comercial para un perfume, y unas fotos para la tapa de Vogue del invierno de ese año. Estaba cansada, le habían invitado a una fiesta cerca de las doce de la noche, pero, y aun sabiendo que era importante que ella estuviera allí si quería seguir brillando, sus fuerzas se le iban de a poco y su cuerpo le pedía dormitar. Quizás solo recorrer los limites donde gobierna Morféo.

Bajó del ascensor rápidamente, no le gustaba que sus vecinos la reconocieran, aun esquelética, tras esa figura casi raquítica y vulgarmente maquillada, sin aretes ni joyería, el cabello erizado y una capucha sombría que le ocultaba casi de los demás ojos. Porque aun así, sin vestigios de su efímera felicidad, los demás ricachos idiotas del edificio, veían a la chica de la tele y de las grandes pantallas, aquella que era, en esos momentos, la que estaba en boca de todos.

Pero ella me contó algo más, que en verdad me erizo la carne, fue como saber, que aunque escriba esto, tratando de evitar que a todos los hombres les llegue un fin similar, estamos atados al cósmico horror que nos rodea, del cual depende nuestro fatídico destino.

_Sabes que no puedes huir _ me susurro al oído. Así, con la misma voz, en los suyos, había sentido Irina la presencia de alguien más en su casa.

Estaba ya en el vestíbulo cuando le pareció sentir una voz, se había tomado unas cuantas copas, y tenía unos doce gramos de cocaína en las espaldas, quizás alucinaba, no le parecería nada raro ver cruzar por el living a un elefante con lánguidas y estiradas patas.

Mas aquella voz le resulto familiar, la propia podía decirse, una bisbiseante lengua que se arrastraba sensual por sus oídos. Se estremeció y volteó, mareada cayo al suelo.

Un rato más tarde abrió los ojos, se encontró tendida en la cama perfumada de Chanel Nº 5, y con un vestido hermoso, lista para salir de fiesta, se sintió preocupada, creyó quizás que había perdido la cordura completamente, y ebria como estaba, se había pasado las ultimas horas preparándose para el evento. ¿O se quedó dormida? Posiblemente su llegada al apartamento había sido solamente un sueño estúpido.

Se paró frente al espejo del baño, todo recubierto de bombillas luminosas que reflejaban el delirante blanco de las paredes, se miró fijamente a los ojos y volvió a sentirse mareada. Algo raro se retorcía dentro, no había vomitado los últimos días, se había sentido muy mal y prefirió guardarse un poco. Pero a pesar de eso, se sabia terriblemente enferma y había llegado a suponer, que los malestares estomacales se debían a que su cuerpo no acostumbraba comer mucho, y si lo hacia no lo mantenía dentro mucho tiempo.

Se repuso, y mientras se apoyaba sobre la larga mesada del lavado marmóreo, comenzó a quitarse el maquillaje lentamente.

_ “Entonces la vi”_ me dijo_ “Estaba corriéndose por mi rostro cada vez que me pasaba los algodones y me corría las sombras, me miraba fijamente con un brillo malicioso, era espantoso verla. ¡Tan altiva! ¡Tan terrible!”

De pronto se sacudió aterrada, me miró fijamente mientras balbuceaba, sonrió demencial y volvió los ojos hacia la nada.

_ “Sabes que no puedes escaparte” _ le dijo_ ...”y yo la mire asustada, la reconocí rápidamente, era la misma, mirándome a través de ese endemoniado espejo, me apoye contra la pared. Ella me sonrió, con esos labios carnosos e informes.”
“Su imagen era la mía, pero por mas que yo estuviese contra la pared, espantada y casi al borde de la locura, ella seguía en su trayecto hacia mi, mientras las carnes parecían desprenderse, dejando relucir unas formas monstruosas que no me atreveré a describir, pues no hay aun en mi mente, algo que me sirva para asemejar esas aberraciones.”

Irina respiraba presurosa, como si alguien le viniera persiguiendo, tomo su cigarrillo y fumó, dio una profunda pitada, y soltó el humo sumiéndolo todo tras una zenda neblina.

_ “Yo corrí, salí enloquecida del baño cuando sentí su fuerza presionándome contra la pared. Huí cada vez mas cerca de la insanía mental, desbocada por los corredores del penthouse, buscando un lugar donde no me hallara”_ dijo_ “ subí al ascensor y me fui hacia abajo, quería subirme al auto lo más pronto posible y escapar de esa maldita arpía. Siempre supe que llegaría a buscarme”

La observé con el corazón casi saliéndose por mi boca, ella ahora miraba su muñón, el de la mano derecha, donde siempre había llevado unos relojes de lujosos materiales y una francesa impecable, allí donde algún muchacho le beso, si no usó para otros tratos.

_ “ Cuando me subí al auto puse las llaves desesperada, una uña se me quebró hasta casi cerca de la cutícula. Dí un grito de dolor, el dedo me sangraba y la maldita llave no hacia mucho para tranquilizarme. Lloré enloquecida”_ Irina continuaba su relato y parecía sumirse en las nieblas de esos días, porque se miraba profundamente la mano, como leyendo en ella los trazos terribles de su vida.

Continuó.
_ “Entonces la vi, brillando a través de mis ojos, con todo el infierno del vacío abismal en sus pupilas acuosas. Era ella, en su imagen mía, como si mi cuerpo todo se metamorfoseara, como si de mí se borrase todo vestigio, y solo quedara ella”.

Entonces me miró fijamente una vez más, y me pareció ver en sus ojos todo ese mal y ese miedo sin nombre, creí verme a mi desarmandome en piel muerta, y volviéndome una atrocidad que me era ajena.

_ “Entonces mi mano...” _ murmuró_ “Entonces mi mano comenzó a cambiar, y mi uña rota a despedir una sangre espesa. ¡No! ¡No era sangre! Más bien una baba apestosa e infecta, un mal que tenia forma”.

La piel se me erizó.

_ “¡La piel se volvía en costras y heridas que se abrían para dejar salir eso desde dentro, como hierro y fuego que me hervía las entrañas!” _ dijo desesperada. Yo volví a tragar saliva en un pesado sonido, la habitación parecía ahora haber cambiado, y una sombría sensación me recorría la espalda, como cuando sabemos que alguien, en la profunda oscuridad, nos esta observando.

_ “Entonces... Entonces me desperté sobre la cama, empapada en sudor y lagrimas de espanto, entonces supe. Supe que aquel mal estaba allí, reptando por las paredes y el suelo, con un hálito venenoso y fantasmal” _ dijo silenciosa, y luego estallando vociferó.

_ “¡En ese momento su mano se vino sobre mi cuello, y me aferro fuertemente, yo no pude hacer nada, mis extremidades parecían estar presionadas por una fuerza externa, y no había manera de hacer algo! ¡Grité, grité hasta que me sangro la garganta y comencé a ahogarme, ella seguía presionando, yo me sentía morir!”

Traté de respirar.

_ “Fue allí cuando tome las tijeras con las que me había cortado a mechones el pelo hacia unos días atrás, estire la mano hasta ubicarlas, y con toda la fuerza que me fue posible, la descargué contra la pesada mano que me asfixiaba. Un alarido de dolor y furia surgieron al mismo tiempo, sentí como un corte más profundo dentro de la garganta, y mi rostro se cubrió de sangre cuando escupí, mientras la mano sanguinolenta y echa jirones, se contorneaba y retorcía sobre mis mejillas”

_ “Una puerta de fuego y oscuridad, una llamarada de solares relámpagos y vestías informes se movió a través de la dimensión habitada por el horror cósmico. Y ella, la reina de fuego y hierro, esa tentacular figura que se ondea en la oscuridad del helado océano exterior, me observó con esos ojos que jamas olvidare, porque los veo en el espejo siempre.”

Y en ese momento volvió a tomar su taza de te, con la mano izquierda claro, y lentamente, mientras miraba el liquido rojizo, casi negro, le dio un sorbo.

_ “De repente sentí mi cuerpo sacudirse, y mis piernas se elevaron sobre el aire pesado del cuarto, como si fueran succionados por una energía poderosa que venia de aquella horrorosa visión. Mis pies hicieron como erupción, mis uñas reventaron en pústulas pestilentes de sangre viscosa, yo grité del espanto y enloquecí completamente, mientras veía como mis piernas se tornaban en raíces negras de una carne antiquísima, en la que fluía y refluía el poder del cosmos mismo”

_ “El alba hizo su aparición apenas antes que ella pudiera atravesarme el corazón y terminar de corromperme por completo” _ comentó de una manera más despreocupada y carente de expresiones sombrías.
_ “Pero se que me sigue esperando”_ bebió otro sorbo de té_ “ al parecer me ha dado una larga tregua, pero sigo esperando a que decida por fin dejar de usarme para seguir creciendo”.

La observé con gravedad en aquel momento, el halo de misticismo y terror se había esfumado de pronto, y yo ahora entendía porque mi joven amiga de treinta y tantos años, se encontraba al borde de ser internada.

En otra ocasión, la ultima vez que la vi, en el otoño del 92', me dijo que “Ellos”, como les decía, pronto volverían, y que nuestras vidas no habían sido más que marionetas de sus antiguos deseos, y que era hora de retribuirles tantas gracias dadas.

Irina falleció en la primavera del 95', había salido del acilo desesperada, y robo un automóvil, por las botellas se supuso que estaba muy ebria, aunque no se podía comprobar de manera certera, porque de su cuerpo no había quedado nada, salvo unas uñas prendidas del tapizado del volante, el resto ardió junto al vehículo.

Yo se bien que ese horror terminó por tomarla. Lo vi aquella vez a través de sus ojos,. Por eso espero el momento de que él venga por mi, le veo en mis ojos, detrás de estas paredes, en el verde jardín del maldito manicomio.