Vientos Siderales (o Breve relato de lo desconocido)
El sol refulge, abrazador, contra las
colinas calizas que se yerguen sudorosas. El sol brilla en lo alto,
como un enorme fuego que quema.
Hay en el aire de aquel lugar, una
corriente mística , un vendaval que embruja, a quien huele el aroma
de las aguas calmas, que se ondean sigilosas. Las formas rocosas,
estiran sus extremidades blancuzcas, hasta perderles amohosadas en
las profundidades viscerales del lago, profundidades que no
vislumbro, y no deseo ver. Pero que me vienen, como imágenes que no
describiré.
He contemplado este sitio varias veces,
y sea en el rincón que sea, las aguas que engullen esas colosales
formaciones, se mueven con una malicia y un
sombra, que ni el sol que se relame mientras brilla, es capaz de
iluminar.
En las orillas más playas, una espesa y
verdosa vegetación se extiende. Las pequeñas hojas de hierba, se yerguen entre las rocas que parecen querer aplastar la
vida, mientras, sobre ellas, los anfibios depositan sus rosados
huevos, esperanzados en que sus renacuajos, prolongaran una vez mas,
la especie.
Un calor que ahoga, se agita. Un viento
tibio se mueve entre los escasos arboles, y los estremece. A lo
lejos, en las estribaciones más altas, una nube negra, o de un azul
grisáceo, comienza a asomarse, amenazante, y entre sus ruedos de
nívea sombra, un viento huracanado se arrastra, golpeando las copas.
El agua se ve oscura, unos metros,
desde la orilla donde me he posado, unas cuantas ramas se alzan,
desde las profundidades. Quizás son los restos de algún árbol
antiguo, que reposa en la humedad y el silencio. Varios pájaros
negros, de gran tamaño, descansan en esas esqueléticas formas, y
graznan, con un alarido raro.
A mis pies, un caracol se mueve, lento
y sin temores, mientras oigo desde la maleza, como las criaturas del
campo, pululan. Hay un resquemor que me atormenta, y, entre tanto,
siento la llovizna que comienza a descender. Comprendo la inmensidad
de aquel sitio desolado.
La nube oscura se extiende cada vez
mas, y ahora ya parece cubrir el sol. Es como si una gigantesca boca
negra, lo tragara por completo.
Me retiro de la sombra de los arboles,
y comienzo a descender hasta el agua; ya no hay un sol cegador que
me destroce la carne con sus rayos acuchillantes. Ahora me apetece
mojarme un poco, y ver las aguas golpear sobre mi, tal vez
sumergirme, y contemplar.
El viento, de pronto, sopla en
vendavales aterradores, como removiendo desde las profundidades, un
lodazal pútrido e infestado de seres, que mi mente, acoplada a este
mundo, no puede comprender. Y veo como las olas furiosas, se
levantan silbando, y chocan con las laderas, carcomiendo la piedra.
Contemplo con temor, y corro detrás de
unos arboles. Desde allí, puedo ver como las aguas se manchan de
marrones, y grises, y unas formas tentaculares parecen agitarse entre
ellas, como prendiéndose a la roca, con sus ventosas húmedas. No he
de gritar, no expresare el miedo!
¿Cómo hacerlo en tal caso? ¿Qué he
de decir? ¿Qué he de gritar?
El viento, ahora una ráfaga
huracanada, parece arremeter por completo contra el agua; la mese, la
agita, le corta la piel cristalina, y dibuja espumas, con formas
impalpables. Las burbujas ascienden desde lo desconocido, como si el
agua bullera en las profundidades cenagosas.
Las aves que descansaban sin temores,
ahora salen en vuelo veloz, al ver que las ramas se quiebran y
hunden. De pronto, algo toma el cuerpo de una de ellas, y la sumerge,
mientras las demás lloran.
Las aves tratan de luchar contra el
viento, que parece embolsar las plumas, y con esa fuerza las empuja
hacia la superficie acuosa. Pero, han decidido salvarse, y con fuerza
luchan contra la tormenta, hasta planear.
Rugue el viento, y con el, las
montañas. Se sienten los silbidos de los espíritus de la tierra, y
la voz gutural de los dioses de roca. Algo sucede, y no lo comprendo.
De repente, la quietud y la calma fueron rotas, y el sol ha
desparecido.
Es entonces, cuando veo una enorme
burbuja de aire, que revienta y rompe fuera de la superficie acuosa
que se estremece. Y la figura, la forma de un ser que no fue creado
por ningún dios, y no esta emparentado con ninguno de nosotros,
surge colosal y aterradora.
¿Quien podría contemplar tal horror y
creerlo? ¿Quien comprendería lo que he visto, si pudiera relatarlo?
¡Ay! ¡Cuantas cosas suceden en los
paramos desolados, en las montañas mas lejanas, y en las hendiduras
mas negras de la tierra y el cielo! ¡Cuantas formas se mesen sin
nuestro conocimiento.
¡Si pudiera explicarles lo que esto ha
significado, si pudiera.! ¡Pero no!
Mis palabras no son suficientes. Porque
no las tengo.
Me agazapo, y voy corriendo a mi cueva.
Espero que los hombres puedan contra ello, queridos hijos.
Los Zorros sabemos por zorros, pero más
por viejos. Y prefiero, antes que la aniquilación, convivir con
cualquier cosa, que eso sea.
( Relatos de horror de un Zorro a sus hijos, antes de dormir)
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